viernes, 27 de agosto de 2010

Poemas de Antonio J. del Puig

I

En la azul y serena noche que contemplo,

El cielo se detiene al ver mi desconsuelo,

La lágrima recoge la mejilla del desvelo,

Como la hiedra recorre las paredes del templo.



Abajo, el reflejo del lago da el ejemplo

De tranquila quietud, de firme, sólido suelo;

La fresca brisa, con inextinguible anhelo,

Azota suave mi cara en el antetemplo.



¡Qué despacio caen las hojas tras el sosiego!

La refinada calma del paisaje, en su bondad,

Otroga la dichosa paz al alma en ruego.



Así rezaba un papiro de la Antigüedad,

Escrito en Abydos por un joven monje lego,

La noche que se entreabrió la eternidad.

De La Herencia de Mnemosyne.



A UN BASTÓN

Bastón de madera de ébano

Y empuñadura de plata

Que figuras al joven titán Atlas,

Padre de las Pléyades

Y hermano de Prometeo,

Cargando el peso del mundo

Como castigo eterno de los dioses,

Tendría que agarrar al mundo y a ti

Si quisiera andar contigo.

También la belleza cansa.


De Theatro de Amores y Leyendas.



I


Goza, dulce amigo,

Ve cómo el tiempo pasa furtivo

Y acaricia nuestras sienes

Envejecidas y calmas.



Goza del suave céfiro

De este atardecer ligero

Que conmueve al alma cansada

Y consuélate cuando llegue

El dócil crepúsculo.



Pídele a la escultura de Hebe,

Que está escondida entre jazmines y petunias,

Detrás de aquellas rocas,

Cerca de la cascada

De cristalinas aguas del Penteo,

Que te sirva una copa de delicioso néctar,

Y apura tu copa con la dulce ambrosía

Para que se humedezca tu boca.

Escucha la leve melodía

De la siringa de Pan,

Mientras tus ojos miran

A la inmovilidad de las montañas

Y a la dulce cadencia de la mar.



Los antiguos templos de otras épocas,

Impávidos, vacíos y en ruinas

Nos cuentan la historia de la ciudad,

En el reposo ahora hallado.



Goza, dulce amigo,

De este momento

En el que todo es paz,

Y quietud, y serenidad.

De La Ciudad en llamas.






VI

Amor mío,

Esta noche muchas cosas quiero darte.

No son ni esmeraldas, ni zafiros, ni rubíes

Sino el reflejo de la luz de la luna sobre las aguas,

Las estrellas del cielo que caen

Como perlas relucientes sobre los verdes prados,

El blando céfiro que sopla entre las palmeras.



Quiero darte la serenidad del mar que contemplo,

La paz de mi corazón,

El sosiego del cielo,

La quietud, la armonía, el equilibrio,

La difusa luz que hace dorada la tarde,

Todo mi amor y respeto,

Todos los poros de mi piel.

Te quiero dar las cosas más pequeñas y sencillas.



Pero, sobre todo, toma en silencio,

Amor mío, lo más profundo de mi corazón,

Llévate mi alma que reposa

Entre las flores de mi jardín.


De La Ciudad en llamas






EL CICLO

Sentado en mi jardín

Reposo y releo a Virgilio

Mientras veo las rosas crecer

Con extrema lentitud.



Ahora otra es mi edad

Y otro es mi deseo

En las verdinegras

Luces del atardecer.



La paz interior

Se refleja como una pasión viva

Y profunda,

Esperando la muerte

Y el renacer

De la rosa.

En ella se encierran todas las cosas.



De La Ciudad en llamas.






XIII

Afuera, a lo lejos,

Se oye una gran algarabía,

La multitud grita mientras huye,

Las noticias que me llegan

Dicen que se está incendiando

La Ciudad,

Que ahora mismo está ardiendo en llamas.

Sigo cuidando los geranios de mi jardín

Y espero poder terminar de releer

Esta noche

A Roberto Caracciolo

En la impresión de Johannes de Forlivio

Estampada en la Venecia de 1490.

Hay cosas que ya no me preocupan.

 
De La Ciudad en llamas.






Los bárbaros también son necesarios aunque resulten repugnantes. Alguien tiene que destruir la civilización.


* * * * *


Cuentan que un poco antes de la IIª Guerra Mundial, un avispado hombre de negocios norteamericano compró en Florencia, a elevado precio, una tela de Tiziano para su colección. Supuso que iba a tener problemas en la frontera. Así que contrató a un pintamonas para que pintara sobre el lienzo un horroroso cuadro de arte moderno. Lo llevó a un restaurador de París para que rascara el óleo fresco y recupera el cuadro original. El restaurador así lo hizo, pero no satisfecho con su trabajo, siguió rascando y encontró un retrato de Mussolini.

La moraleja de esta corta historia es que se debe tener cuidado con el Arte. Es como una amante infiel, como una bella hetaira que te pide todo sin estar seguro nunca de si se va a recibir algo a cambio.


De Aforismos en la Ciudad en llamas.








LA LUNA

In memoriam Federico Sánchez


Las antiguas noches

Están envueltas en magníficas páginas de Virgilio,

De Horacio, de Teócrito y de Píndaro,

De los amores insanos de Propercio

Y de los castos deseos del Dante.

Del sueño de Lorenzo el Magnífico en Florencia

Escribiendo sonetos de amor

A Lucrezia Donati,

Que también pintara Botticelli,

Mientras Ficino traduce a Platón para él.

De Petrarca, de Bembo, de Marino

Y de la fugitiva hora de Quevedo,

Y de las máscaras de Góngora,

De Shakespeare, de Milton y de Spenser,



Desde aquí veo la Luna

Que ellos vieron

Y respiro el mismo aire

Que ellos respiraron.



La Noche es aquí

Como en otros sitios,

Como en otros tiempos,

Como ha sido siempre.


De La noche ensangrentada.




 SONETO


A María y Miguel



Al verte pensé que fuera hermoso

Nacer otra vez para conquistarte,

Y hundirme en aguas para amarte,

Y morir en tus brazos proceloso.



Mas si tu corazón es generoso

Y conoce los deleites del Arte,

Por suaves afecciones que he de darte,

Cautivo soy de ti en mar virtuoso.



Queda en el tintero fugitivo

La negra tinta como mar de muerte,

Ya que el verso no queda vencido;



Y sólo me queda, de esta suerte,

Triste, pobre, cansado, afligido,

Pues nada más nací para quererte.


De La Tarde ensangrentada





LAS ÚLTIMAS SOMBRAS


Apura la última copa,

Amada mía,

Que el alba está a punto de llegar.

Las primeras luces de una nueva

Y terrible mañana

Asoman por el horizonte.

Y, sin embargo,

¡Qué bello está el cielo en este momento!

Luces rojizas iluminan

Unas nubes de formas caprichosas

Sobre un cielo azul claro.

¡Quién pudiera detener este momento

Hasta la eternidad!

¡Ni la más experta tejedora

Captaría sus infinitos matices

Para hacer el tapiz de nuestras vidas!



Apura la última copa,

Amada mía,

Que la mañana y sus rigores

Ya se presienten.

Alejémonos de este mar

Que pronto sólo será un terrible sufrimiento.



Las últimas sombras,

Amada mía,

Debemos ser tú y yo.

De La Tarde ensangrentada.






A JUAN RAMÓN JIMÉNEZ


¡No más profundo, ni más lejos,

Sino más hondo!

Donde el cantar parezca que no llegue,

¡Más hondo!

Donde la palabra no se escuche,

¡Más hondo!

En el principio

Las golondrinas de Bécquer,

En los jardines de Samain,

En los claros clarines de Rubén,

¡Más hondo!

En los pensamientos de Salinas,

En la exquisitez del dandy Cernuda,

En las puerilidades de Lorca,

¡No, mucho más hondo!



Donde el vuelo de las gaviotas sobre el mar

No se perciba,

¡Más hondo!

Donde la nube pase borrando

La memoria de los hombres,

¡Más hondo!

Donde el corazón sangre

Y el sentimiento se encienda,

¡Más hondo!

Donde el verso no pueda llegar,

¡Más hondo!

Llegamos a la tierra del dolor infinito,

¡No, mucho más hondo!



Y en la más profunda caverna,

Donde el poema no existe,

Descubriremos que el final del Poeta

No es el verso, sino el silencio,

Porque el Poeta se habrá convertido

En Poesía.

 
De La Tarde ensangrentad.




XL


Miro, a través de la inmensa cristalera del salón,

cómo llegan las primeras luces del alba.

A lo lejos, casi en el horizonte,

veo una hilera de luces color butano

que todavía permanecen encendidas.

Es el final del incendio nocturno,

donde pequeños astros luminosos

quemaban suavemente el sereno negror,

y las llamas fluían en perfecto equilibrio y armonía.

Ahora, en soledad profunda e infinita,

veo como los rayos del inevitable sol que se avecina,

apagan desdichadamente aquel pavoroso incendio

que siempre he llevado en mi alma.

Durante sólo un instante

me parece que llegué al confín de la locura.


De Trozos de porcelana, (de próxima aparición)


Antonio J. del Puig, Official Website

TRADUCCIONES:

DE LOS MODERNOS.


Vivís en rebeldía, pero sin sueños, sin destino,

Más viejos, más decrépitos que este mundo infecundo,

Castrados desde la cuna por el siglo asesino

De todo ardor noble, vigoroso y profundo.



Vuestra mente está tan vacía como vuestro sino,

Y habéis mancillado este miserable mundo

Con una sangre corrompida, con un aliento dañino,

Y la muerte crece sola en este fango inmundo.



Hombres, cazadores de Dioses, cerca los tiempos están,

Donde los grandes pilares de oro se enlodarán,

Donde el fértil sol roerá las más grandes rocas.



Impávidos en el día y en la noche sin remedio,

Nacidos en la estulta nada del supremo tedio,

Morís estólidamente cuando abrís vuestras bocas.

De Leconte de Lisle: Poemas escogidos. 
 



SONETO.


Todo lo que diré es: Gozo, gozosa cosa,

Entended que es de Vos quien hablo, ensimismado,

Que enciende toda la sed de beldad gozosa

Y dicha de placer mucho más bello y gozado.


Gozoso el que en la gozosa jornada reposa,

Gozo de adormecer, gozo del corazón cansado,

Gozo en el rostro de tanta pasión gozosa

Que es gozo gozoso el no mirar truncado.



Gozo de la voluntad, gozo del pensamiento,

Y gozo de decir, y gozo de vivir gozoso,

Y gozo de cualquier gozoso movimiento:


Porque yo, gozoso de gozo, si deseoso

De Vos me encuentro, que nunca el gozo siento

Sin vuestro gozo en mi corazón, no reposo.

De Guitonne d´Arezzo en Perlas poéticas.
 




LA NIÑEZ TERMINA.


Una isla en medio del mar…

Por la lluvia deshecha, una camelia.

Al lado de los pájaros, la primavera;

La primavera al lado

De los pájaros sin pájaros.


Todas las esperanzas han quedado destruidas, ¿verdad que sí?

Sobre el mar una nube, sobre la nube la tierra

Reflejándose,

¿verdad que sí?


El cielo tiene una escalera,

¿verdad que sí?

Hoy ha caído la bandera de la memoria.

Como un gran río,

Dejaré de ser lo que amo. Por la tierra mis pisadas,

Sobre mis pisadas el polvo fino…

¡Ay, pobre de mí!

De Miyoshi Tasuji en Perlas poéticas.




I


Aunque tenga una lámpara, y fuego,

Estrellas, luna y sol que me den luz,

Desdichadamente todo lo que ven mis ojos

Es negro como la noche.

De Bharthari, poeta sánscrito, en Perlas poéticas.




NOCHE DE VERANO


A lo lejos, los bosques blancos y bellos

Duermen con las canciones de la mañana.

El resplandor encarnado

Los cubre de azul

Y se inclina sobre ellos.


Se esfuman en el cielo las perdidas estrellas,

Pequeños puntos en el cielo de vértigo,

Miradas de amantes separados que se afligen

Extremas lágrimas expandidas.

De Cyrille Christov en Antología de la Poesía búlgara.




 DOLOR


Los días pasan y hacen fallecer

De esperanza, en su último esfuerzo.

Mi mirada ha huido del futuro,

Lo que yo espero, he visto la muerte.


Fijando mi dolor usual,

He encontrado en ella una amiga.

Los días no me han quitado

Unas noches por otras, para mi luz.


Sin retorno, me abandono.

Sólo la dulzura, ella raya

En el corazón un tormento sin igual.


Ella me vuelve joven y fuerte,

¡Para qué huir!, yo pierdo sin cesar,

Dulce o triste, ¡oh sol mío!

De Pentcho Slaveikov en Antología de la Poesía búlgara.





UNA TIERRA SIN RUINAS


Sí, dame la tierra donde las ruinas se extiendan,

Y la luz pisada sobre los corazones

De los muertos;

Sí, dame una tierra que esté bendecida por el polvo,

Y brille con los hechos recién acontecidos de la llanura.

Sí, dame la tierra donde la batalla es roja refriega

Y ha resplandecido a la fama futura con su pasado;

Sí, dame la tierra de las leyendas y las tumbas

Que cuentan las memorias de largos días desaparecidos;

¡Sí, dame una tierra con una historia y una canción!

¡Guarda como reliquia la contienda del bien contra el mal!

Sí, dame una tierra con una tumba a cada paso,

Y los nombres de los que allí yacen para que no sean olvidados.

Sí, dame la tierra de la ruina y de la tumba;

Hay grandeza en esos sepulcros,

También hay gloria en la derrota;

Y para la derrota del futuro una nueva luz ha nacido,

Como después de la noche viene el sol de la mañana;

Y los sepulcros de los muertos

Con la hierba bien crecida

Podrán vestirse de gala

Sobre el escabel del trono de la libertad,

Y cada ruina en el sentimiento de la guerra poderosa,

Será una roca más sobre en el templo de la Verdad.

De Abraham J. Ryan en Antología de la Poesía del Sur de los Estados Unidos.

Antonio J. del Puig, Official Website

Galería fotográfica II: Vistas del mundo.


Un rincón de mi casa.

Restaurante de Kingui después de la guerra, (Afganistán)

El Cuerno de Oro desde el Café Loti, Estambul, (Turquía)

Vista del Bósforo, Estambul, (Turquía)

Una calle de Bagdad después de la guerra, (Iraq)

Subida sagrada al Santuario de Delfos, (Grecia)

Santuario de Delfos, (Grecia)

Templo de Poseidón, Cabo Sounion, (Grecia)

Atardecer en Cabo Sounion, (Grecia)

Pirámide de Zoser en Sakkarah, (Egipto)

Mercado flotante en Cheng al-Mai, (Thailandia)

La Esfinge y la pirámide de Kheops, Gizeh, (Egipto)

Baños en el río Ganges, Varanasi, (India)

Relieves en Luxor, (Egipto)

Las esposas de mi amigo Ahmed bailando tras el almuerzo en Bujará, (Uzbekistán)

El Minarete Azul en Khiva, (Uzbekistán)

La Puerta de la Muerte en Samarkanda, (Uzbekistán)

Kremlin. Moscú, (Rusia)

El río Moscova pasando por Moscú, (Rusia)

Templos de Patan, (Nepal)

Taj Mahal en Agra, (India)

Angkor Vat en Camboya.

Selva en Thailandia.

Lingam de Khakuraho, (India)
Taxco celebrando las "Alarconianas", (México)

Santa Maria della Salute, Venecia, (Italia)


Antonio J. del Puig, Official Website 

Galería fotográfica I: Algunos viajes.

En el mercado de Khiva, (Uzbekistán)
En Lisboa, (Portugal)

En casa de un chamán tchaiko, Siberia.

En el Palacio Real de Bangkok, (Thailandia)

En Katmandhú, (Nepal)

En la Mezquita de Sultan Ahmed, Estambul, (Turquía)

Con Ozlem en Konya, ciudad sant sufí, (Turquía)

En una calle de Kingui, (Afganistán)

En el teatro de Epidauros, (Grecia)

En el Yacthing Club de Montecarlo.

En la isla de Poros, (Grecia)

En una calle de Lhasa, (Tíbet)
Entre las ruinas de Afrodisias, (Turquía)

Con Andrea Teodorova en la Plaza Nevski de Sofia, (Bulgaria)
En un bar de Katmandhú, (Nepal)
En el templo de Shiva, Delhi, (India)
En Karachi, (Pakistán)
Con Dana Lee Housman en Chenh Ka-Lai, (Thailandia)
En el Kremlin, Moscú, (Rusia)
En la Calzada de los Muertos de Teotihuacán, (México)
Navegando por el lago Querétaro, (México)
En los Montes Zagros, Irán.
En Corinto, (Grecia)
En la Plaza de San Esteban de Viena, (Austria)

En la Plaza de Rajesthán, Samarkanda, (Uzbekistán)
Un día de boda.. no la mía.

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Junto a Ikal Munerer, escritor mogol, en Ulan Bator.



Antonio J. del Puig, Official Website